Hoy me he levantado poético (algunos dirán que paranoico),  y quiero compartir con vosotros esta imagen, que no estuvo exenta de peligros, picotazos y de misterio.

Era un lunes más, un bonito día soleado pero fresco… en el que decidí salir en busca de localizaciones nuevas para mis nuevas fotografías. Nunca se lo que me voy a encontrar, de ahí que sea toda una experiencia apasionante…

En esta ocasión, decidí ir acompañado por un gran amigo, mi gran amigo Francisco Javier, más conocido en los ambientes underground como el Pelu, un gran aficionado a la fotografía que aprovecha cada pequeño momento que le da la vida para captar sus momentos con su cámara o con su móvil furtivo. Salimos por la mañana en dirección a un lugar que yo ya había visitado fugazmente, pero que por motivos de tiempo, no había podido inspeccionar. Íbamos cargados de ilusión y ganas por fotografiar cosas nuevas.  Después de un trayecto en coche, llegamos al lugar (Que mantendré en el anonimato para no fastidiarlo más aún de lo que ya está) y empezamos a caminar entre maleza abundante, senderos oscuros y empinadas y umbrias escaleras buscando una buena toma y una buena localización. Fuimos victimas de los mosquitos ¿Quien dice que ser fotógrafo no es peligroso? de las zarzas afiladas y de mi gran e innata torpeza, que hizo que cayese de espaldas desde un peldaño al suelo, menos mal que el Pelu estaba abajo al quite e hizo una gran parada de mi cuerpo, que iba sin remisión hacía la más que segura desintegración de al menos, mi cuidada y preciosa rabadilla. En parte este escrito es un acto de gratitud pública hacía el, ya en privado… le correspondí asesinando unos minutos después de manera eficaz, un mosquito que estaba alimentándose de la sangre que habita en su calva…

Entre tanto imprevisto, apareció ante nosotros lo que ilustro en la fotografía. Una pista abandonada de futbol/basquet, comida por la vegetación y testigo mudo de anteriores enfrentamientos deportivos y seguramente que también de otro tipo por el lugar donde está. Miré, comprendí enseguida la historia de ese amor imposible y la plasmé con mi nueva Nikon.

¿Hay algo más incompatible que una portería y una canasta?  Ellas quisieron amarse, y por eso decidieron estar juntas, pero no tienen nada en común. A una en su religión le prohíben tocar la pelota con los pies, mientras que los fieles de la portería, comenten pecado si se toca con la mano excepto su mesías que es el que vela por su seguridad, en una cuanto más alto eres, mejor, mientras que en la otra, los bajitos normalmente son mucho más habilidosos, no coinciden en tamaño (Aunque dicen que en el amor no hay medidas) ni en las reglas, ni siquiera en la presión de la pelota de cada uno de sus respectivos deportes. Es la viva imagen de lo que pudo ser y no fue, como mi amigo Pelu y yo, que poco rato después tuvimos que abortar la misión de entrar donde teníamos previsto porque había gente trabajando en tapiar los accesos. Se nos fustró el plasmar nuevas tomas sin duda que impresionantes, pero de una cosa estamos seguros, volveremos…

 

 

 

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